El peligro de llamar a las cosas por su nombre.

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Pendante, sobrao, frekie, arrogante, listo (en tono despectivo). Eso son solo algunos de los piropos a los que uno se somete cuando juega en terreno conocido.

A mucha gente nos gusta “algo” mucho, más que a la media, da lo mismo si son figuritas históricas de plomo, tiradores de armario Victorianos, pastelería creativa con fondant, bioinformática o fútbol. Cuando algo nos gusta, irremediablemente nos rodeamos de información sobre ello, ya sea en otros aficionados, libros, la red o nuestro mismo ensayo y error. Así que lo más probable si no andamos con cuidado es que al poco tiempo de estar inmersos en una afición, hablemos raro o nos comportemos de forma inaudita a ojos de personas ajenas a nuestra burbuja.

Y es precisamente ahí, donde señores míos, los que disfrutamos observando la araña que cayó en la mesa del restaurante mientras celebrábamos la despedida de soltero de un amigo o nos quedamos embobados pensando en como organizaríamos una expedición al Amazonas, tenemos un serio problema.

Porque si, porque NO nos sale decir “pájaro” o “rata” cuando en un abejaruco o un petauro. Porque en algunos caso si es acertado, pero demasiado genérico y en otros no es ni siquiera cierto.

Por ejemplo: Voy a un campo de fútbol a ver un partido de la “Champions” (una vez lo hice y dejé en ridículo a mi anfitrión) y suelto: – Anda mira… la pelota. Seguro que me miran mal, pero si digo “balón” calmo la miradas al momento. Pelota es demasiado genérico para ser aceptado en un contexto muy concreto. Pues lo mismo con los nombres de los animales.

Ah! Claro! Que si digo el nombre del bicho y el de al lado no lo sabe parece que me sobro. Pues mira, mi entorno se pasan el día hablando de jugadores de fútbol por su nombre y no me preocupa lo más mínimo no saber de quién hablan. Y soy feliz aún en mi ignorancia.

Luego está el que cree que te los inventas. Alguien se imagina oír una conversación de bar nombrando equipos de una liga extranjera que no existan. Yo no la verdad. Pues lo mismo. Si no se sabe, no se contesta o se consulta, pero las competiciones las dejo para los programas de la tele, que ahí pagan pasta o dan apartamentos en Torrevieja (P.D: ahí debe haber un bar donde quedan para emborracharse y recordar viejos tiempos los ganadores del 123 y el Precio Justo).

A lo que iba. Uno puede equivocarse o no saber (“solo” hay 950.000 especies animales descritas y catalogadas) pero si uno lo sabe, lo usa, que para eso lo aprendió o recordó, para poder ser concreto al referirse a dicho ser vivo. Pero no se hace para dejar mal a la sociedad, ni para humillar (bueno, algunas veces si).

Cuando uno se irrita al ver pies de foto mal puestos en el periódico, traducciones literales en documentales o comentarios de ministros de medio ambiente con errores básicos de zoología, parece que esté “hilando fino” pero es sin duda, una manera de defender lo que amas. 1 de cada 3 o 4 noticias con documentación gráfica de nuestros periódicos van acompañados con una foto del animal incorrecto. Y creo que un día de estos haré un recopilatorio.

Para nombres que llaman la atención el del pez luna: Mola mola.

Para nombres que llaman la atención el del pez luna: Mola mola.

A modo de aperitivo, con las típicas noticias de verano sobre tiburones (eso ya da para una actualización entera), los periodistas tienes predilección por las fotos de tiburones blancos y tigre:

Aquí vemos como pensaron que las tintoreras (Prionace glauca) no molan, pero los grandes blancos si asustan, así que nos marcamos una fotos del gordo y tira:

Blasting News y sus burradas

En esta, de la misma noticia, simplemente tiran de un tigre Galeocerdo cuvier (inexistente en el Mediterráneo) que también da yuyu y palante.

Diario de Premiá de Mar

A mi lo que me preocupa, es que conocimientos en profundidad tengo pocos o ninguno, de casi nada, así que cuando ingenuo de mi, leo el periódico o enlaces de la red, me lo como todo y luego hasta soy capaz de defender lo que leí como una verdad acertada y verdadera (excepto en política, que no hay nada acertado nunca). Entonces, cuando hay algo sobre el Hubble o sobre un nuevo medicamento contra el acné, voy yo, miro esa foto, leo ese texto y pienso… “¡ya sabes algo más!”. Pues como esas noticias las traten igual que las de zoología, voy apañado con mis “nuevos conocimientos”.

Mira, ahora en caliente y sobre la marcha. Todos los artículos de los medios de comunicación o cualquier otro medio de divulgación, debería llevar una puntuación de credibilidad al final. Del 1 al 10 por ejemplo. Que lo ha redactado un becario de verano, con prisas para irse a la piscina y referido a un tema que no aprobó ni en el EGB, pues ala, credibilidad 2.

Además esto generaría puestos de trabajo, ya que aparecería el departamento de credibilidad en casí todos esos medios.

Que a gusto me he quedado.

Hasta la próxima.

Credibilidad 4

El culpable de esto

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