Buscando “animalicos” en Zaragoza

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Parque natural del galacho de la Alfranca.

Parque natural del galacho de la Alfranca.

Por motivos familiares, paso varios fines de semana en la ciudad de Zaragoza. Esto para cualquier amante del buen comer y del buen beber (algo que comparto) puede resultar un enclave perfecto, pero para lo que se refiere a observación de fauna es… por decirlo de alguna manera… un reto.

Sin faltar a una ciudad con tanta historia y con tan buena acogida a sus visitantes fieles o no de la catedral del Pilar. Zaragoza complica la vida a quién busque un frondoso bosque, prado de alta montaña o (y esto va a doler) una rica zona de marismas. Sin embargo, buscando en profundidad, Zaragoza ofrece al naturalista de todo a cien como yo, un par de enclaves bastante interesantes. Estos enclaves en “oregonés” son denominados GALACHOS.

galacho

Para los de click perezoso, os abrevio la definición: Galachos son los meandros abandonados por el curso del río Ebro. Dejando así pequeñas lagunas a los lados del río Ebro, que siguen en paralelo sus ciclos, pero de forma indirecta.

Dos de ellos a destacar son La Alfranca y de Juslibol, de este último ya hablaré más adelante.

El parque natural del galacho de La Alfranca, está situado en el tramo sur del Ebro cogiendo Zaragoza como referencia. Sin duda, es el que dispone de más infraestructura (que con el tema de los recortes, ya veremos lo que dura). La Alfranca por lo general no es un lugar conocido por el ambientazo, ni por las multitudes. Más bien por algunos “animales” (con cariño), que se levantan a las 6 de la madrugada un domingo, cogen la bicicleta o las bambas de 150 euros y se lían a correr hasta la extenuación, para luego meterse el merecido desayuno a base de longaniza y huevos fritos. Pero naturalistas o pseudonaturalistas como yo… pocos o ninguno. Alguna pareja que se le ha hecho tarde en el coche (imagino que ordenando la guantera) y algún jubilado que no estuvo de moda lo de correr en su época e intenta sacarse la espina clavada hinchándose a caminar por las cunetas de las carreteras, sean vías rápidas o no.

Caseta de acecho en la balsa del Cascarro.

Caseta de acecho en la balsa del Cascarro.

Lo bonito de todo esto, es que por lo general, a no ser que coincidas con un “agradable” grupo escolar (fin de semana difícil), estas más solo que un astronauta a la deriva. Y eso señores, por muy triste que suene, para alguien que pretende ver, fotografiar y/o escuchar animales, especialmente “pajáros” (como dirían en aragón) es francamente ¡ESTUPENDO!

Que yo soy muy de hablar, pero cuando hay que estar en modo “naturalista” hay que estar en modo naturalista y punto, “usease” calladito y atento.

Otro día más.

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