Un voyeur en el bosque.

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El título definitivamente suena mal, e incomoda leerlo desde el ordenador del trabajo (vaya a pasar por detrás ese compañero coñón del curro y me la líe). Pero si estáis leyendo esto, queda claro que os ha picado la curiosidad.

Un buen aficionado a la zoología es por norma una persona que necesita MUCHO dinero para llegar a fin de mes.

Por una sencilla razón: Necesita juguetes muy caros para desarrollar su incomprendida afición.

Algunos pensaréis, que para comprar unos prismáticos y un cazamariposas no hace falta ser pariente directo de Onasis. Peeero… eso es solo en la literatura clásica.

Hoy en día, si sales de casa con la idea de “zoologuear” un poco, en seguida echarás en falta en tu mochila, una cámara reflex con un teleobjetivo que quite el hipo y un macro que alucine a tus colegas de aficción, además de…

  1. Un pequeño batiscafo monoplaza para descubrir nuevas especies abisales.
  2. Un 4×4 a lo Camel Trophy para llegar como un rey de la exploración al bar de la plaza, de pueblos remotos; con cara de “YA HE LLEGAO”.
  3. Un equipo de fotografía y otro de video submarino a lo BBC.
  4. Un ultraligero para criar unos gansos silvestres y filmar como Jacques Perrin en Nómadas del viento.
  5. Y como no, un equipo de Fototrampeo.

Ein… ¿fototrampeo? ¿eso…? ¿eso es legal? En serio… ¡búscate amigos! (esto es lo que tengo que oír cuando lo nombro esta extraordinaria actividad al describir el fin de semana).

Y aquí es donde quiero alumbrar hoy.

El apasionante mundo del fototrampeo.

El fototrampeo o las Trail cam son equipos en esencia compuestos por una cámara de foto/video, un sensor de movimiento y un flash (a poder ser de infrarrojos).

Mi pequeño y apreciado equipo de fototrampeo. ScoutGuard SG550.

Mi pequeño y apreciado equipo de fototrampeo. ScoutGuard SG550.

Consiste en dejar el equipo abandonado en medio del bosque con la esperanza que capte un big foot, un oso polar en Cabo de Gata, un rinoceronte de Sumatra en Cantabria o cualquier cosa viva en las orillas del Manzanares. Pero con una Garduña (Martes foina) o un Corzo (Capreolus capreolus) nos conformamos. Estas cámaras nacieron de la necesidad de controlar censos en cotos de caza y en el medio científico para investigar el comportamiento de especies raras y esquivas.

Sobre el material, hay de todo. Desde compactos y sencillos equipos made in china a precios terrenales, hasta virguerías que realmente tiene que dar “yuyu” dejarlas a merced de cualquier desaprensivo en medio el bosque.

Y si no quieres que te señalen con el dedo entre la selecta sociedad de aficionados al dejar cámaras grabando ramas de noche en plena montaña, por favor, que tu nuevo y flamante equipo disponga de flash de infrarrojos.

No quiero ni pensar el morrocotudo susto que se puede llevar un pobre Tejón (Meles meles) en su rutinario paseo nocturno al saltar el flash incandescente en medio de la nada.

Luego está en la polémica entre cebar o no la cámara. Pero ahí no voy ha meterme que soy muy pacífico.

Poco a poco iré colgando algunos de los resultados de mis acciones fototramperas.

Como aperitivo, mi primera experiencia cuando estrené la cámara en 2010.


¡Continuamos para bingo!

El culpable de esto

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